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martes, 26 de enero de 2010

¿Por qué Cineclub Stocco?


Cuando en la tarea de buscar un nombre para el cineclub, sólo teníamos claro que, cualquiera fuera el que eligiéramos, debía ser el de alguien con el cual nos identificáramos como amantes y difusores del cine. Por tal, y por decisión unánime, el cineclub fue entonces bautizado como “Cineclub Stocco”, en honor al realizador de cine mendocino Victorio “Papi” Stocco.
El "papi" Stocco nació, creció y vivió para abrazar el cine con su mente, sus manos, su boca y su corazón. Desde pequeño le gustaba el cine y colaboraba con su padre en el cine propio que tenía entonces ,llamado “Argentino”. En el mismo, cambiaba los carretes de las películas, las cortaba, entre varias otras cosas que había por hacer.
A la tierna edad de 15 años, el amigo partió hacia Buenos Aires a estudiar cine a un instituto llamado Padi, donde adquirió muchos conocimientos sobre laboratorio.
A los 17 años, volvió a Mendoza, y se presentó a trabajar en los ya constituidos estudios de Film Andes. Fue en este lugar donde vivió los momentos más increíbles e inolvidables de su vida. También trabajó como director de cámara en canal 7 por 11 años consecutivos y realizó videos, documentales y películas para el Ministerio de Cultura de Educación.
En 1990, el "papi" Stocco tuvo la idea de crear una escuela de cine, y así lo hizo. En la escuela, se desempeñó como profesor y es aquí donde surge su cariñoso apodo: “Papi”, ya que ésta era su muletilla y llamaba a todos de este modo. Desde su lugar como profesor logró marcar a toda una generación de alumnos y no alumnos.
Por todos los ya mencionados logros, y por ser una persona excepcional, un amigo del cine y de la gente del cine, lo honramos desde nuestra humilde posición, con este movimiento cinéfilo que es el cineclub. Intentamos, a nuestro modo, que personas como Victorio Stocco sigan vivas en el carrete memorial de la comunidad mendocina.

lunes, 4 de enero de 2010

¿Cineclub?

- Ví la peli que me recomendaste.
- ¿Cuál? No me acuerdo
- Esa... de la que me hablaste el otro día... Carretera perdida.
- ¡Ah, sí! ¿Qué te pareció?
- No me gustó
- ¿Por qué?
- No se... no importa. Me tengo que ir. Hablamos otro día.

¿Qué es un cine club?

Es una reunión de personas independientemente agrupadas, o agrupadamente independientes, que se reúnen en un espacio físico (preferiblemente una sala de cine, pero también puede ser el comedor de una casa o la pared blanca de una casa en la calle con la ayuda de un proyector) para ver cine en un ambiente de debate e intercambio entre los asistentes.
Sobre todas las cosas es un proyecto en marcha, un dínamo en movimiento que se nutre y se conforma con la fuerza de los cinéfilos que lo empujan. Los espectadores son quienes deciden presentar el cine que les gusta. Nada más. Pero nada menos.

¿Para qué un cine club?

Quizás porque nos sentimos un poco como Los soñadores y nos gusta sentarnos en buena compañía en esos cines viejos, donde todavía se proyecta en 35 mm y no en formato digital. Tal vez porque somos de esos que vemos películas solos en nuestras casas pero cuando nos gusta alguna no podemos esperar para llamar a un amigo y recomendarla. Nada peor que cuando dicen que no les gustó, no saben por qué o directamente se niegan a responder. Buscando consuelo acudimos a esos ciclos de cine donde pensamos que hay gente a quienes le gusta lo mismo. Elegir cine es algo instintivo, como una brújula que guía los ojos a esa película debajo del montón, que casualmente se llama Santa sangre, de la cual nunca escuchaste hablar, pero algo te dice que vale la pena. Termina y querés decirle al que está al lado “¡Qué buena!, ¿no?”, pero ya no hay nadie. Se han ido.
Así que empezás a ir a cineclubes. Para aprender, para descubrir, compartir, comentar el cine que te gusta, encontrar al amor de tu vida (o la colección completa de Almodóvar, lo que es casi lo mismo), ver esas películas que no están en ningún lado, etc. Ver cine se trata de encontrarlas. Las tuyas. Las mías. Es algo personal. Pero lo mejor es cuando se transforma en colectivo y podemos decir las nuestras. Porque ver Castro solo en casa provoca sonrisas, pero con gente alrededor es una avalancha de risas frente al sin sentido de la vida. La risa es contagiosa y el buen cine también. Es como la varicela que se contagia de persona a persona y deja huellas indelebles que transforman la forma de mirar.
Desde nuestro pequeño lugar en el mundo queremos plantar este germen y esperar que pronto sea una pandemia.